Archivos mensuales: Marzo 2009

“Ante mi profunda estupefacción, no había obstáculos. ¡Estábamos en la cima!
Por segunda vez desde el principio de nuestra expedición dudé de mi razón. El Khili-Khili culminaba en trece mil trescientos cincuenta metros por encima del nivel del mar. O yo estaba loco, o lo estaba mi barómetro, pues nos encontrábamos a once mil seiscientos metros solamente. ¿Qué había podido pasar?
Fue entonces cuando comprendí. Al Este, una magnífica montaña dirigía hacia el cielo su cima brillante, a unos mil setecientos metros por encima de mí.
Nos habíamos equivocado de cima.”

Bowman, W.E, Al asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p.169-170.

“Sólo, me esforzé en meditar sobre las responsabilidades del mando; pero tan débiles eran mis facultades de concentración, que no pude pensar en otra cosa que en la mermelada de ciruelas.”

Bowman, W.E, Al asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p.141.

“Había en nuestra aventura algo de irreal. Hacer alpinismo a nueve mil metros está reputado como una hazaña casi sobrehumana, y, sin embargo, So Lo, sin aparato de oxígeno, tallaba escalones tan rápido como nosotros, con nuestros respiradores, podíamos escalar. Todo esto era demasiado fantástico.”

Bowman, W.E, Al asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p.115.

“En caso de que la expedición tuviera éxito, los dos miembros de la misma que hubieran alcanzado la cima, bajo condición de que fuesen fotogénicos y que tuviesen menos de sesenta años, se verían obligados a suscribir un contrato de cine para un film titulado Tarzán y los abominables hombres de las nieves.”

Bowman, W.E, Al asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p.17.

“Esperaba así poder filmar la historia en todos sus aspectos. La compañía que había provisto el aparato añadiría los elementos de una intriga sentimental y algunas secuencias de incidentes. Con esto y la introducción de una canción patriótica y la reducción al mínimo de las vistas de la montaña propiamente dichas, se obtendría un film que sería difundido en el mundo entero como una epopeya del heroísmo británico.”

Bowman, W.E, AL asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p.17.

“Esperaba igualmente recoger una pareja de todas las especies vivas que encontrara en la montaña, a fin de estudiar la posibilidad de producir una rza de montañeros capaces de llevar una vida normal a las altas altitudes.”

Bowman, W.E, AL asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p.16

“En total para transportar las tiendas del equipo, los víveres, el material de radio, los instrumentos de observación científicos y el material de fotografía, además de nuestros efectos personales, harían falta tres mil porteadores y trecientos setenta y cinco muchachos. “

Bowman, W.E, AL asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p. 14.

“Aquel era el tesoro de Flint que habíamos venido a buscar desde tan lejos y que ya había costado la vida a diecisiete tripulantes de la Hispaniola. ¿Cuántas no habría costado para amasarlo? ¿Cuánta sangre y cuánto dolor, cuántas buenas naves hundidas en el fondo del mar, cuántos hombres valientes caminando por la tabla con los ojos vendados, cuantos cañonazos, cuánta vergüenza y mentiras y crueldad?”

Stevenson, R.L. La isla del tesoro. Madrid: El País, 2004, p. 262.

“Ante la inmediatez del oro …///… esperaba desenterrar el tesoro, encontrar la Hispaniola, apoderarse de ella al amparo de la noche, degollar a todas las personas decentes que había en la isla y hacerse a la mar como lo había previsto inicialmente, cargado de crímenes y riquezas.”

Stevenson, R.L. La isla del tesoro. Madrid: El País, 2004, p. 255.

“¡Pues te vas a enterar, maldita sea! Ponte en mi camino y vas a parar donde muchos hombres decentes han acabado antes que tú, del primero al último, en estos treinta años…, algunos colgados de un penol, ¡mal rayo me parta!, y otros por la borda, y todos pasto para los peces. No ha habido un solo hombre que me haya mirado atravesado y luego haya tenido un día de paz, Tom Morgan, tenlo por seguro.”

Stevenson, R.L. La isla del tesoro. Madrid: El País, 2004, p. 222.