“Ante mi profunda estupefacción, no había obstáculos. ¡Estábamos en la cima!
Por segunda vez desde el principio de nuestra expedición dudé de mi razón. El Khili-Khili culminaba en trece mil trescientos cincuenta metros por encima del nivel del mar. O yo estaba loco, o lo estaba mi barómetro, pues nos encontrábamos a once mil seiscientos metros solamente. ¿Qué había podido pasar?
Fue entonces cuando comprendí. Al Este, una magnífica montaña dirigía hacia el cielo su cima brillante, a unos mil setecientos metros por encima de mí.
Nos habíamos equivocado de cima.”
Bowman, W.E, Al asalto del Khili-Khili. Huesca: Barrabés Editorial, 2001, p.169-170.