“Era profesor en el Johanneum y daba clase de mineralogía, durante la que normalmente montaba en cólera una o dos veces. No es que le preocupase el tener alumnos asiduos a sus clases, ni el grado de atención que le prestasen, ni el éxito que pudieran obtener más adelante; estos detalles no le inquietaban en absoluto. Enseñaba subjetivamente, según una expresión de la filosofía alemana, para él mismo y no para los demás. Era un sabio egoísta, un pozo de ciencia cuya polea chirriaba cuando se quería sacar de él algún conocimiento [...] En Alemania hay profesores de este tipo.”
Verne, Jules. Viaje al centro de la Tierra. Madrid: Anaya, 2008, p. 10.