Archivos mensuales: Septiembre 2009

“-¡Una erupción! -dije. ¡Estamos en  chimenea de un volcán en actividad!
-Eso creo -dijo el profesor sonriendo- y es lo mejor que podía ocurrirnos!.”

Verne, Jules. Viaje al centro de la Tierra. Madrid: Anaya, 2008, p. 277.

“Se encontraba ante una inapreciable colección de leptoterios, mericoterios, lofodontes, anoploterios, negaterios, mastodontes, protopitecos, pterodáctilos, de todos los monstruos antediluvianos amontonados allí para su satisfacción personal.”

Verne, Jules. Viaje al centro de la Tierra. Madrid: Anaya, 2008, p. 242.

“-Sí -respondió mi tío-. ¡El mar Lidenbrock, y quiero creer que ningún navegante me disputará el honor de haberlo descubierto y el derecho a darle mi nombre.”

Verne, Jules. Viaje al centro de la Tierra. Madrid: Anaya, 2008, p. 187.

“-Ahora, Axel -exclamó el profesor con una voz llena de entusiasmo.vamos a hundirnos de verdad en las entrañas del globo. He aquí, pues, el momento exacto en que comienza nuestro viaje.”

Verne, Jules. Viaje al centro de la Tierra. Madrid: Anaya, 2008, p. 126.

“-Oh, señor Lidenbrock, recorren el país. ¡En nuestra vieja isla de hielo nos gusta estudiar! No existe un solo granjero ni un pescador que no sepa leer y que no lea. Pensamos que los libros, en lugar de enmohecerse tras una reja de hierro lejos de las miradas curiosas, están destinados a desgastarse bajo los ojos de los lectores. Así pues, esos volúmenes pasan de mano en mano, hojeados, leídos y releídos, y con frecuencia sólo vuelven a su estantería tras un año o dos de ausencia.”

Verne, Jules. Viaje al centro de la Tierra. Madrid: Anaya, 2008, p. 72-73.