“-No le puedo responder -dijo-. No puedo sacarme el rumor del mar de los oídos. No puedeo sacarme de la mente el brillo de las estrellas por la noche, ni el sol abrasador durante el día. ¿Cuándo naufragué? ¿Cuándo empecé a ir a la deriva? ¿Cuándo tomé la caña en mis manos para luchar contra el hambre y el sueño? ¿Cuándo empezaron el tormento en mi pecho y el ardor en mi cabeza? He perdido la cuenta. No puedo pensar. No puedo dormir. No puedo sacarme el rumor del mar de los oídos.”
Collins, W. En mares helados. Barcelona: Navona, 2009, p. 125.