Leyes para los demás… por su propio bien

“Resulta curiosa y singular la tendencia del hombre a impedir que otras personas hagan lo que les gusta. Normas, leyes… siempre para los demás. Una parte desagradable de nosotros, algo que teníamos antes de descender de los árboles y de lo que no pudimos desprendernos al ponernos de pie. Porque ninguno de aquellos individuos decía: «Por favor, aprueben esto, a fin de que yo no pueda hacer algo que sé que no debo hacer». Nyet, tovarichi, siempre se trataba de algo que no les gustaba que sus vecinos hicieran. Y siempre querían impedir que siguieran haciéndolo «por su propio bien»… y no porque el orador pretendiera sentirse perjudicado por ello.”

Heinlein, R. A. La luna es una cruel amante. Barcelona: Acervo, 1972, p. 187.

Cada persona es responsable de sus actos

“Yo creo que una persona es responsable. Siempre. Si existen las bombas H (y sabemos que existen), algún hombre las controla. En términos de moral, no existe lo que se llama «estado». Sólo hombres. Individuos. Cada uno de ellos responsable de sus propios actos.”

Heinlein, R. A. La luna es una cruel amante. Barcelona: Acervo, 1972, p. 71-72.

La revolución es una ciencia

“Las revoluciones no se ganan alistando a las masas, mi querida Wyoming. La revolución es una ciencia que sólo unos cuantos están en condiciones de practicar. Depende de una organización correcta y, por encima de todo, de las comunicaciones. Luego, en el adecuado momento histórico, hay que actuar. Correctamente organizado y dado a su debido tiempo, es un golpe incruento. Aplicado con torpeza o prematuramente, el resultado es una guerra civil, violencias de la multitud, purgas y terror.”

Heinlein, R. A. La luna es una cruel amante. Barcelona: Acervo, 1972, p. 67