Ahab

“¡Sí, sí, fue esa maldita ballena blanca! ¡Ella me dejó como un pobre impedido para toda la vida! – alzó luego los brazos en medio de desaforadas imprecaciones y siguió gritando -: ¡Sí, sí, la he perseguir más allá del cabo de Hornos, y más allá del de Buena Esperanza, y aún más allá del Maelstrom de Noruega, más allá de los fuegos del infierno, antes de renunciar a capturarla! Y para eso estáis embarcados, muchachos, para perseguir a la Ballena Blanca por ambos hemisferios y todos los rincones del mundo, hasta que por el surtidor lance sangre negra y flote panza arriba.”

Melville, Herman. Moby Dick. Madrid: Alianza / El País, vol I, 2004, p. 224-225.

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