Leyes para los demás… por su propio bien

“Resulta curiosa y singular la tendencia del hombre a impedir que otras personas hagan lo que les gusta. Normas, leyes… siempre para los demás. Una parte desagradable de nosotros, algo que teníamos antes de descender de los árboles y de lo que no pudimos desprendernos al ponernos de pie. Porque ninguno de aquellos individuos decía: «Por favor, aprueben esto, a fin de que yo no pueda hacer algo que sé que no debo hacer». Nyet, tovarichi, siempre se trataba de algo que no les gustaba que sus vecinos hicieran. Y siempre querían impedir que siguieran haciéndolo «por su propio bien»… y no porque el orador pretendiera sentirse perjudicado por ello.”

Heinlein, R. A. La luna es una cruel amante. Barcelona: Acervo, 1972, p. 187.

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