La biblioteca del Nautilus

“Era la biblioteca. Altos muebles de palisandro negro, con incrustaciones de cobre, soportaban en sus estantes un gran número de libros encuadernados con uniformidad. Las estanterías se adaptaban al contorno de la sala, y terminaban en su parte inferior en unos amplios divanes tapizados con cuero marrón y estraordinariamente cómodos. Unos ligeros pupitres móviles,q ue podían acercarse o separarse a voluntad, servían de soporte a a los libros en curso de lectura.”

Verne, Jules. 20.000 leguas de viaje submarino. Madrid: Alianza, 2005, p. 120.

Nos gusta leer

“-Oh, señor Lidenbrock, recorren el país. ¡En nuestra vieja isla de hielo nos gusta estudiar! No existe un solo granjero ni un pescador que no sepa leer y que no lea. Pensamos que los libros, en lugar de enmohecerse tras una reja de hierro lejos de las miradas curiosas, están destinados a desgastarse bajo los ojos de los lectores. Así pues, esos volúmenes pasan de mano en mano, hojeados, leídos y releídos, y con frecuencia sólo vuelven a su estantería tras un año o dos de ausencia.”

Verne, Jules. Viaje al centro de la Tierra. Madrid: Anaya, 2008, p. 72-73.

Biblioteca automática

“Yo estaba trabajando con la bibliotecaria automática, que respondía a mis operaciones eyectando una ficha donde se leía la lacónica inscripción <<Falta en el catálogo>>, o amenazaba ahogarme bajo una catarata de obras de física especializada. Sin embargo, yo no tenía ganas de abandonar la vasta sala circular; me sentía a mis anchas entre esas hileras de cajones repletos de microfilms y de cintas grabadas. Situada en el centro mismo de la Estación, la biblioteca no tenía ventanas; era el sitio más aislado en el gran caparazón de acero, y yo me sentía aislado, pese al fracaso manifiesto de mis búsquedas.”

Lem, Stanislav. Solaris. Barcelona: Minotauro, 2008, p. 128.

¿Avance de la ciencia?

“Levantando con ambas manos el pesado volumen, lo devolví al anaquel y me dije que nuestra erudición, la información acumulada en las bibliotecas, no era otra cosa que un fárrago inútil, un pantano de testimonios y conjeturas, y que desde el comienzo de las investigaciones, sesenta y ocho años atrás, no habíamos avanzado un solo paso; la situación era ahora mucho peor que en la época de los precursores, pues los esfuerzos asiduos de tantos años no habían conducido ni a una sola certeza incontrovertible.”

Lem, Stanislav. Solaris. Barcelona: Minotauro, 2008, p. 31.

Sensato

“El erudito del siglo XIII Ibn Jama’a, aunque recomendaba a los estudiantes que comprasen libros siempre que les fuera posible, consideraba más importante que los ‘llevaran en el corazón’ y no se limitaran a conservarlos en un estante.”

Manguel, Alberto. La biblioteca de noche. Madrid: Alianza, 2006, p.251.