Final de la caballería

“El buen tiempo, el tiempo superado. Podía avanzar pacíficamente hacia la muerte, orgulloso de haber sido el instrumento del último, del verdaderamente fugitivo, del anacrónico triunfo del honor contra el Estado, de haber llevado a su plenitud a la caballería.”

Duby, Georges. Guillermo el Mariscal. Madrid: Alianza, 1985, p. 170

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Advenedizos

“Para Guillermo se trata menos, por tanto, de hacerse admirar entre los barones como su par, ya que muchos son advenedizos como él, que de extender la amistad entre ellos, de ganar apoyos, y sobre todo de tener garantías. Porque, en este medio restringido, las envidias, las rivalidades por los beneficios del poder son ardientes, tan brutales y peligrosas como las que se desarrollan, en el plano inferior, entre el grupo de jóvenes que se disputan la generosidad de un patrón.”

Duby, Georges. Guillermo el Mariscal. Madrid: Alianza, 1985, p. 151.

Valiente

“El valiente no busca otra protección que la destreza de su caballo de batalla, la calidad de su armadura y la devoción de los camaradas de su rango cuya amistad le flanquea. El honor le obliga a parecer intrépido, hasta la locura.”

Duby, Georges. Guillermo el Mariscal. Madrid: Alianza, 1985, p. 99

Leal caballero

<<El Mariscal fue, a mi juicio, el más leal, verdadero, que yo haya conocido jamás, en cualquier lugar que estuviese.>> […] <<Señor, yo pienso que fue el caballero más sabio que se vio, en cualquier lugar, en nuestros tiempos.>>

Duby, Georges. Guillermo el Mariscal. Madrid: Alianza, 1985, p. 31

Clérigos avariciosos

<<Las gentes de la Iglesia se ensañan contra nosotros; nos apuran demasiado. Yo he cogido durante mi vida al menos quinientos caballeros, de los que me he apropiado las armas, los caballos, los arneses. Si se me niega el Reino de Dios por eso, entonces me han engañado. ¿Qué puedo hacer yo? ¿Cómo queréis que devuelva todo? No puedo hacer más por Dios que entregarme a él yo mismo, arrepintiéndome de todos los males que he cometido. Si los clérigos no quieren que yo sea desterrado, rechazado, excluido, deben darme la paz. O su argumento es falso, o ningún hombre puede salvarse>>

Duby, Georges. Guillermo el Mariscal. Madrid: Alianza, 1985, p. 24

Edad

“El conde mariscal ya no puede más. La carga le aplasta ahora. Tres años antes, cuando se le presionaba para que asumiera la regencia, cuando, cansado, acabó por aceptar convirtiéndose en <<guardián y maestro>> del rey niño y de todo el reino de Inglaterra, claramente lo había dicho y repetido: <<Estoy demasiado débil y completamente desvencijado>>.”

Duby, Georges. Guillermo el Mariscal. Madrid: Alianza, 1985, p. 7